1. Después de la tempestad siempre llega la calma. Nunca estamos en el mismo lugar, incluso con nuestras opiniones modificamos la realidad de la que hablamos, nos posicionamos, tomamos partido. Es tal y como decía Heisenberg, es el principio de incertidumbre de nuestra vida. Abrimos nuestra gran bocaza y ese momento irrepetible se convierte en pasado, un pasado tan lejano y marchito como un recuerdo.
2. Sé que volverá algún día y me hará trizas. Sé que ya nada será igual, que habremos dejado pasar algo que podría haber sido único, al menos durante el tiempo que durase. Tampoco sé mucho más, apenas puedo recordar ya el olor de su cuerpo, el timbre de su voz cuando jadeaba, todo se desvanece entre lo que fue y el recuerdo que estoy empezando a crear acorde con mis anhelos.
3. Me fascinan sensaciones estúpidas, olores que me recuerdan a mi infancia y que me atraviesan sólo durante un instante dejándome la certeza de que antes era más feliz.
4. Estoy cansado de ver siempre las mismas calles, en el mismo orden, con la música asociada a ellas. Un día decides que no puedes estar peor, que la vida se te escapa por el sumidero sin atreverte a tomar las decisiones que te llevan a ser feliz. Que tú me digas que jamás te habían tocado así no ayuda, quizás porque yo siento algo parecido, y cuando digo "algo parecido" quiero decir igual, joder, igual. Pero un día me levanto de la cama y cuando pienso que la niebla va a seguir cubriéndolo todo, el sol me sorprende, y descubro esto:
Nunca sabes lo que te espera. Grabatelo a fuego. Así que decido llamarte y recorrer el tatuaje que baja por tu costado una vez más, aunque me lleve al infierno, aunque arda allí toda la eternidad. Si resulta ser verdad voy a estar muy jodido, y pensando en semejantes gilipolleces llego hasta la puerta de tu casa y cuando abres la puerta con una camiseta con el número 16 como única vestimenta y que apenas cubre tus bragas oigo que suena esto a todo volumen :
5. Pensé que era una buena chica, de pelo castaño, mirada dulce, tímida, apenas esbozó una sonrisa después de que nos besáramos. Al sentarse y ver el tatuaje de su muslo supe que podía joderme la vida, ella me miro y supo que podía jodermela y que yo estaría encantado.
La gente me saluda, yo les hablo, interactuo, me muevo, camino, me río, lloro, pero ellos no saben que con quien lo hacen está muerto. Voy a tratar de aclararlo, yo morí hace unos meses, una noche de mayo, todo lo que soy, mi manera de ser, pensar, creer, actuar... acabó aquella noche a manos de ella, pero culpar no es el objetivo de esto, de hecho el único culpable fui yo, no el yo que vive actualmente, el yo que murió.
Todas las enseñanzas, las reglas, estaban equivocadas, fue un acto premeditado de suicidio, hay quien lo llamaría evolución, pero la catarsis fue tan grande que no me vale el término. Ella sonrió al fondo del bar y me acerqué, supongo que el impulso sexual tendría algo que ver, el reconocer una vida anterior en sus gestos fue devastador. Porque los reconocía, pero eso no podía ser, sabía como movería sus manos cuando me abrazara aun incluso antes de haberme abrazado, sabía como besaría antes de hacerlo, sabía que nuestro cuerpos encajarían al follar como si lo hubiéramos hecho una y mil veces, ahora estoy convencido de que realmente era así, de que una vez lo fue, no sé donde ni en que momento, pero ambos lo supimos. No me creáis si no queréis, durante días yo también lo negué, no podía ser cierto, no había nada racional que diera certeza a esa sensación, era imposible estar tan seguro, todo era una locura, así que salí fuera del bar para evitar esa sensación que me atenazaba, el que entró ya no fui yo. Mi yo se suicidó en aquella puerta, dejé de creer, sí, lo juro, dejé de creer en todas las reglas que nos acompañan, que nos enseñan desde pequeños, dejé de mirar con los ojos, deje de atenerme a las miradas de los demás, es censurable, lo sé. Yo era el primer censor, yo era el rey en mi castillo de normas, de conductas morales, de enseñanzas racionales basadas en las leyes de la física y la matemática con un solo corolario: solo creer en aquello que es demostrable, en aquello que es tangible. Bien, cuando entré, sentí la liberación de siglos de opresión racional, yo sintiéndome así, una completa locura. Si algo de duda me quedaba se esfumó al volver a hablar con ella. La conocía, estaba seguro, en otra vida pudo ser mi mejor amigo, mi hermana, mi compañero en el frente, el Bien. Llevaba 33 años incompleto, me acababa de dar cuenta.
No lo consigo, no consigo transmitir la sensación, es abrir los ojos a una luz cegadora, es saber que no vas a poder volver a actuar con los sentidos habituales, es saber que ya son inútiles, es saber, saber, saber, es la certeza de conocer que todo está en un plano distinto.
Y ella se acercó, ella no iba a sustituir a nadie, la chica del tatuaje en el cuello, la que me acompaña desde hace siglos, estaría en el bar contiguo, o dos calles más allá, no importaba, no iba a ser lo mismo. No con ella, ¿como se puede ser capaz de querer infinitamente a más de una persona? Sabía la respuesta, la sabía, ahora sí, podía quererlas a las dos porque eran ambas caras de una misma moneda, y yo me sentí capaz de amar por primera vez en mi vida, sin limitaciones, sin miedos, no sólo a ellas, si no a un mundo de personas que pertenecen a una historia que palpita en los cruces de miradas fortuitos, en las sensaciones de reconocer paisajes, sentimientos, personas, pertenecientes a otro momento.
Y ahora estoy aquí, sin una pizca de arrepentimiento hacia nada, sólo creyendo que la verdad es otra, que la verdad no está en la televisión, ni en las enseñanzas habituales, creyendo que la cordura es esto y la locura queda ya muy lejos.
Todavía hoy estoy asustado, se que hay gente que ha sentido lo mismo, los he leído, sé que hay un número finito de personas que pertenecen a nuestra vida y que somos capaces de reconocernos con sólo mirarnos, capaces de recordarnos de cuando éramos otros y también nos buscábamos.
Todo lo que ocurre está muy claro. Todo lo que sucede es que el miedo me atenaza, y prefiero seguir con la rutina a confesar que me he enamorado de aquello de lo que no soy capaz de asumir. Porque pensé que esto jamás me podría pasar a mi, que esto nunca nos ocurriría a nosotros. Y ahora lo que ella me provoca, esta sensación, deambula por toda mi vida, ahora siento que todo esto ha pasado, que pertenece a un lugar muy lejano y distante. Y recuerdo bares a oscuras, con el roce de tus manos, ya no se si eran las tuyas o acaso imagine todo, acaso nada era verdad, te negaría más de tres veces. La devastación lo supera todo, el gris, el ruido, el miedo, las palabras a destiempo, la música de hace diez años. Tu eres la ganadora, sí, pero jamás apostaría por ti, vuelvo a lo de siempre, jamás apostaría por el caballo que no se revuelve en su jaula.
No tengo respuestas, solo unas pocas palabras, palabras sin ningún significado y tu tienes tu armadura puesta así que yo no puedo herirte.
1. Dejarse ir. Dejarse llevar. Renunciar a todo control sobre las cosas, sólo sentir, vivir y amanecer al día siguiente con la tristeza infinita de saber que no tienes huevos de vivir tu vida así. Una guitarra más en el asiento trasero de tu viejo coche, más caricias que no volverán. Sueños que generan otros sueños. Tristezas que vuelven sobre sus pasos y que te susurran al oído a las tres de la mañana: "estás muerto". Si quieres bailamos, es lo único que puedo hacer para volver a sentirla tan cerca.
2. El agua caía torrencialmente y azotaba la fachada. Domingo por la tarde, una urbanización a las afueras de Madrid, una ventana que da a un descampado y la nada más absoluta tanto dentro como fuera de casa. Sentarse en el sillón y levantarse instantes después, conectar la tele y no verla, música de fondo y no advertir que el disco ha acabado hace más de quince minutos. Miré por la ventana, anochecía, el frío teñía la ventana de vaho, mi vida se deslizaba lentamente por el mismo desagüe de la calle por la que desaparecía el agua. Ya no se que contarte que no te haya contado ya.
3. El lobo entró por fin entre los dos postes que confinaban su pequeño jardín, llevaba más de un año observándolo, él al lobo y el lobo a él. Primero desde muy lejos, cada día un poco más cerca, hasta poder mirarse a los ojos fijamente. Él sentado en el porche, el lobo tenso sobre una roca a no más de 20 metros del vallado abierto. Había más sabiduría en los ojos del lobo que en cientos de hombres que habían rozado su vida, borregos al fin y al cabo, carnaza fácil para los depredadores de ciudad que buscan puestos de directivos y relojes grandes en muñecas frágiles, que buscan polvos con jovencitas cegadas por el brillo de la carrocería de un nuevo deportivo. Más pasión que los besos a media noche en un callejón cualquiera.
Cuando ella salió el lobo desapareció como por ensalmo, era algo personal, algo entre los dos, eran miedos ancestrales sujetos al caso particular de dos seres más parecidos de lo que nadie podía imaginar. Ella se sentó al lado fumando un cigarro: "Habrá que cortar leña mañana. No puedo más. De ti, de esto." Como si ambas cosas fueran obvias, rutinarias y correlativas. Cuando ella se levantó él se quedó solo, sentado en el mismo sitio, mirando el suelo. Pensando en todo lo que podía hacer y no iba a hacer, pensando en como lo iba a dejar morir. Cuando levantó la vista lo tenía apenas a un metro. Expectante, tenso, podía sentir su fuerza en cada centímetro de su cuerpo, más fuerza que la suya en la mitad de su cuerpo. Inconscientemente él acerco su cabeza, dejándose llevar, poniendo su vida a merced de un capricho de la naturaleza, sentía paz. El lobo dio dos pequeños pasos y le olió el rostro. Se miraron a los ojos, el vio toda la libertad que nunca le habían explicado, vio la rudeza del Tener que vivir pese a todo, la fuerza de una mirada más pura de la que nadie tendría jamás hacia él.
Cuando ella salió el lobo se alejaba. Ella los vio, a él, al lobo. Vio como él se levantaba y como en ese mismo instante el lobo se detenía y giraba su cabeza. Ella lo vio correr hacia el lobo y como este no se movía, como lo esperaba y comenzaba a correr a su lado, donde le quisiera llevar.
1. Ella se despertaba cada mañana pensando que de ese día no pasaba, que ese día desertaba de la lucha que mantenía con sentirse viva. Lo ganado rozaba lo ridículo con todo el esfuerzo empleado, pero al final, cada noche, todas las noches, no tenía valor de cumplir sus amenazas.
2. Me veo en fotos de hace 9 años. Tiemblo, como si no me conociera. La vida se me antoja muy corta para ser todos los yo que quiero ser.
3. Cruzamos a través del tiempo sin ser conscientes de la huella temporal que dejamos. Y sin embargo estoy aquí, sintiéndome estúpidamente feliz.
4. Cristales empañados de mi coche, la lluvia cayendo, y una infinita sensación de melancolía. Decido salir de la carretera, apagar el motor y oír la lluvia caer. Salgo hasta empaparme. ¿A donde quiero llegar?. ¿A donde quiero regresar?. Mi patria es todo sitio donde ella sonría al fondo de un bar. Eso es todo lo definitivo que he conseguido tener en mi vida. Mi familia va muriendo, mis amigos alejándose, sobrevivo con trabajos estériles y libros a mitad de leer pensando que hay algo más, algo más bello, más perfecto. Que en cualquier momento encontraré lo que ando buscando, que en cualquier momento alguien pronunciará las palabras mágicas, me cogerá de las manos y me dirá: "Ven. A partir de ahora todo será fácil, a partir de hoy no habrá más dolor un miércoles por la noche. Ven. Mírame a los ojos." Y en esos ojos grises-verdes-azules-negros consigo ver algo más que el reflejo de mi mismo, algo más que el miedo a los sueños sin cumplir. Abro los ojos y subo al coche, tengo tres llamadas, y la sensación de que todo lo bueno del día acaba de pasar y solo ha estado en mi cabeza.
El verano se marcho con la promesa de que ella volvería. Tres meses después así fue, pero nada era lo mismo. Había empezado a echarla de menos como jamás se me hubiera ocurrido. Eso devastó mi mentalidad. No la quería, no como hasta ahora había querido, no como hasta ahora quiero. ¿Hay distintas maneras de amar?. Quizás antes amase la parte que emanaba de mi, quizás eso sólo fuera parte de un ritual egoísta en el cual yo era el centro y sólo importaban mis emociones. Tres meses después volvió y ya no estaba seguro de nada, empezaba a querer a demasiada gente y eso no lo iba a entender nadie. Amo la belleza, los gestos determinados que sirven de espoleta a mis emociones. El no escribir es uno de ellos, necesito acumular para vivir con pasión, hiberno, es así, es aleatorio, impredecible, pero hiberno. Sólo lucho por un mundo más salvaje, con menos sociedad y más sentimiento, con menos te quieros y más felicidad real. Soy sensible, quizás sea un gilipollas, pero me siento vivo.
¿Por qué tratar de adjetivar las emociones?, tratar de escribir haciendo sentir lo que es único e intransferible es lo que genera la mayor de las frustraciones. A uno de los grandes le oí decir que antes de escribir debes de haber vivido, a nadie le interesan tus amoríos, todo el mundo ha vivido los suyos, a nadie le interesan tus frustraciones y depresiones, todo el mundo se regodea en las suyas, y lo que es más importante, sus problemas siempre, recuerda, siempre serán más grandes que los tuyos por el mero hecho de que están más cerca, es una mera cuestión de perspectiva.
Llegados a este punto sólo me quedaba inventar pero tampoco valía para ello, mi mente científica al analizar cada parte la consideraba carente de fundamento en algún momento y sentía que todo lo escrito era un castillo de naipes alto, frágil, a merced del viento, condenado irremediablemente a caer tras el análisis de algún lector sagaz.
Finalmente decidí vivir. Vivirlo todo. Viajar, amar, reir, cantar, subir a escenarios, llorar, abandonar, sufrir, hacer sufrir, maldecirme por las ocasiones perdidas, dudar a punto de coger un tren, correr para alcanzar otros, abrazos a amigos que no volvería a ver en trenes de Alemania 25 minutos antes de salir mi vuelo, carreteras inacabables, puestas de sol y surf, alcohol de por medio, equipos de futbol americano y universidades, tatuajes, pelo largo y rubio, ojos azules y grises y verdes y negros. Todos los colores y una sola sensación: necesito creer en lo que hago, necesito amar lo que hago.
Noches y noches escribiendo papeles que acaban en la basura, no me valía escribirlo, tenía que vivirlo una y otra vez, una y otra vez. Tropezar y tropezar.
Y después de las grandes ciudades la gran reclusión, la montaña, el silencio, Jack, el perro fiel hasta la muerte, el frío en tus dedos y la punzada en tus pulmones del aire a -15ºC. Sólo por esforzarme por sentir algo y llegar a la conclusión definitiva, necesito a la gente. No por sus opiniones, no por sus vidas, si no por el mero hecho de estar, de ser, de interactuar.
Y todo para volver al punto de partida, girarte, dar vueltas y ver que vuelvo a estar aquí, más viejo, más cansado, más feliz y más triste. Todo ello a la vez, justo en el momento en el que empiezo a entender al tipo que descansaba y miraba a Cathy a partes iguales desde el porche de madera de una de las casas de enfrente, allá en los suburbios de Boston, y que una vez hablando con él, con un botellín de cerveza en la mano, me dijo algo que no olvido: "Siento cansancio, no es físico, es un cansancio devenido de una acumulación de sentimientos, físicamente podría vivir mil años más, pero es el amar lo que me mata, es el querer vivir lo que me hace morir." Rodeado siempre de amigos y de su tercera mujer, una bella señora 20 años más joven que él que lo adoraba, con su pelo largo canoso, su guitarra, y su tez morena. Aparentaba 45 años, decía que rondaba los 70... desde hace unos años. "Sólo he tratado de ser feliz". Y doy fe que eso consume una energía aterradora.
Hoy, al llegar aquí otra vez, ver a mis padres envejecidos, ver que la novia de tu hermano ya no es la misma, ver que hay amigos que ya no piensan igual, abrazos que no confortan lo mismo, empiezo a sentir que yo también estoy cansado, sólo un poco, apenas un ápice, pero sé que es eso lo que acabará matándome... ¿pero quien quiere ser joven para siempre? ¿yo? ¿tú?
Todos maldita sea, todos.
Algo un poco más intenso, primero la canción:
Después el Yukon:
Y ahora por orden, el consejo, la historia, la reflexión, la llamada, la ciencia y el ¿amor?
1.Probablemente sea un hombre mejor que hace unos años, aunque he hecho el mal, a conciencia, a sabiendas que aquello que quema purifica. Pero también he abierto más los ojos y he visto un sol que nos engullirá, pensemos lo que pensemos, hagamos lo que hagamos, buenos o malos. Vive, es el único consejo que daría al insensato que me preguntara que hacer. Vive, a toda costa, siente, dolor y rabia, placer y amor, lo que sea, pero vive, abandona las emociones repetidas, aléjate de aquello que te llena de sopor y te adormece frente al televisor. Protesta por aquello que crees justo, rebélate contra aquello que crees que merece la pena. Vive. Arriésgate. Pierde, gana, no importa, no vamos a salir vivos, al final acabaremos a seis pies bajo tierra, todos.
2. Fue Laura quien lo decidió, a pesar de los tres años que llevaban juntos él era incapaz de tomar una decisión de ese calado sin ni siquiera consultar, ella no, ella necesitaba saberse dueña de su vida, algunos la llamaban egoista, no era cierto, aquello era lo que hacía que él se excitara cada noche al verla entrar en la habitación. Sabía que no era suya, que nunca lo sería y que si algún día trataba de domarla a base de dinero ella se follaría a todo ser vivo en 40 km a la redonda sólo para devolverle el dolor de la doma.
3. No escribo para satisfacer a nadie, a veces soy incapaz incluso de satisfacer mis propias teorías una vez que releo entradas de hace unos años. Ayer oí a Savater proclamar que él se considera fiel a pensar, no al pensamiento, lo que le permite cambiar de opinión, aceptar que se puede cambiar de parecer, no seguir un dogma. Valiente. A veces yo necesitaría un dogma, una proclama que seguir tipo, amad, incendiad, matad, lo que sea con tal de no tener que pensar y decidir. Pero claro, entonces la vida sería muy sencilla, sería un hombre de partido, un seguidor, carne de cañón. Esto último lo soy, con la diferencia que para convertirme en ello a mi me tienen que apuntar, no ordenarme que pensar, que hacer, que decir, que reír, que sentir, como amar. Y la diferencia es muy grande. Yo apenas estoy rompiendo filas del rebaño, pero hay gente que ya ha empezado a subir por la colina y ver como en esa ingente cantidad de personas, que sólo la hacen marchar en círculos, empieza a haber sujetos que se detienen, se hacen a un lado, alzan la vista y empiezan a preguntarse: ¿que coño estoy haciendo con mi vida?
4. Últimamente estoy fascinado por lo que Jack denominó "la llamada". La necesidad de unión, de conexión con algo superior, algo que puede destrozarte hasta la muerte en apenas días. Llamadlo espiritualidad si queréis, no lo voy a negar, pero no es ningún dios inventado por hombres, es sólo cuestión de poder, es sólo cuestión de humildad. Rodeado de aguas infranqueables en pequeños torrentes, de bosques que suenan sin descanso por las noches, del mordisco del frío, del sol, de ese sol enorme y duro que te hace buscar refugio, descubres que no eres nada, que toda la tecnología no te salvará de la aniquilación si no cierras los ojos, claudicas, y cedes a su poder.
5. Somos reacciones hormonales, digamos que eso engloba el 95% de las palabras que los escritores desde hace milenios han puesto a los sentimientos. Racionalizar tanto no es bueno, lo sé, e incluso a veces me dejo llevar, pero no ahora, no hoy. Noto cada vez más que hay menos horas de sol, y eso afecta a mi ánimo, esa falta de sol la suplo con música que activa otra serie de reacciones que compensa la falta anterior. Todo es bonito si tiene una explicación, todo está bien, pero no siempre es así, no siempre podemos entenderlo, y por ello hay manos pintadas en cuevas, de cuando los hombres temían cada noche que el sol no volviera a salir. Hoy temo su ausencia de manera irracional y puedo percibir el dolor como si fuera real, sin embargo todo está bien. El invierno se acerca.
6. Dime que sientes ese aire cálido rozándote la piel, una piel ya tostada por el sol. Dime que puedes sentir esa sensación cuando el aire te golpea con el coche descapotado. Dime que eres capaz de percibir a través de aquí lo ilógico del frío cuando el calor domina el asfalto y tu piel. Dime que si cierras los ojos ves esa carretera eternamente recta, con la nada a ambos lados, pequeñas colinas de aspecto lunar y los coyotes mirándonos como intrusos. Dime que algo trasciende desde aquí. Dime que eso todavía está vivo al menos en mi. Si cierro los ojos todavía veo su pelo agitándose, sus ojos cerrados, su tatuaje bajando desde el cuello, su voz en los conciertos, su voz: "¡escribe maldito cabrón!, ¡escribe!", su olor. Yo al sur, ella al norte. Y yo ahora pensando en el sol de media noche en el Yukon.